Bajo la Lupa: Entrevista al Tenor Ramón Vargas

“Nadie puede saber si se va a tener éxito en la ópera ni en ninguna forma de arte”

Entrevista a Ramón Vargas

Por: Ximena Sepúlveda

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Ramón Vargas es un tenor lírico mexicano, uno de los más activos en la ópera internacional de hoy día. Ganó en 1982 el primer lugar del concurso de canto «Carlo Morelli». En 1983 con la ópera “Falstaff” de Verdi debuta en el palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México, fue aclamado como una de las mejores voces operísticas de su tiempo, quizá el de mayor equilibrio en cuanto a belleza y técnica vocal de la época, invitado a formar parte de cuadros operísticos en teatros de Europa, Estados Unidos, Canadá, América Latina y Japón, en que ha grabado varios discos. Su interpretación de las canciones de Agustín Lara lo han hecho especialmente famoso dentro de su país natal, lo mismo que en España y Colombia. Realizó el recital de reapertura de la Sala Nezahualcóyotl en el Centro Cultural Universitario de la UNAM en abril de 2010 acompañado por la orquesta filarmónica de la misma institución.
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Existen tantos cantantes de ópera mexicanos triunfando en el mundo.  ¿A qué se puede atribuir este éxito?
México es una cantera de voces y de talento. Decir que México es un productor de cantantes es una exageración. Ser cantante es mucho más que tener una buena voz. Apenas estamos dando los primeros frutos del trabajo que se está haciendo desde hace varios años en nuestro país. Sería tanto como decir que alguien que tiene un excelente piano de conciertos en su casa, es por eso un gran pianista.

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Casi todos los cantantes mexicanos que actualmente estamos triunfando en el extranjero hemos terminado nuestra formación fuera de México; en los estudios de USA, o en Europa, con maestros particulares o en teatros de provincia directamente. Esto significa que las escuelas de canto en México no están todavía capacitadas para que los artistas egresados obtengan éxito (trabajo) a nivel internacional sin pasar por otras instituciones fuera del país. SIVAM y EOBA (Estudio de la Ópera de Bellas Artes) que yo fundé cuando fui director artístico de la ópera de Bellas Artes, están dando buenos resultados. El barítono Juan Carlos Heredia fue uno de los ganadores de Operalia el año pasado y se ha formado 100% en México. Hasta el momento en que ganó el concurso era miembro del EOBA. Se han estado haciendo muchos esfuerzos para que vengan nuevas generaciones de cantantes más preparadas. Ojalá que Juan Carlos no sea un caso aislado y sigamos ofreciendo cantantes ya formados a México y al mundo entero.

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No significa que yo piense que los jóvenes no tengan que ir al extranjero, por el contrario, estoy convencido que para un artista es necesaria la pluralidad cultural, pero no es lo mismo salir de México para enriquecerte como artista, que ir para aprender a cantar; son dos cosas diferentes. La mayoría de los cantantes siguen saliendo de Europa, de Rusia, de los países ex comunistas y de USA, cuando nosotros producimos uno, ellos ya han producido cien. Las razones no son porque allá haya más talento, sino porque tienen tradición e infraestructuras que les permiten desarrollarse mejor, además, sobre todo en Europa, hay muchos teatros de varios niveles que da lugar a los cantantes a encontrar su espacio. Sólo en Alemania, que es más o menos de la superficie del estado de Chihuahua, hay casi 90 teatros activos.

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Creo que lo que hace especiales a los artistas mexicanos aparte de la calidad de la voz, es el modo como interpretamos. La espontaneidad y la forma emotiva con la que podemos expresar nuestras emociones nos vuelve únicos. Cuando una voz talentosa de México obtiene una buena técnica vocal, preparación musical, y logra conjuntar estos elementos en la interpretación, el resultado es notable.

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Los mexicanos somos fiesteros, alegres, parranderos y bohemios. En nuestras reuniones familiares no falta quien con su guitarra ponga a cantar a toda la familia, tampoco falta el tío declamador que recita las poesías que gustaban a nuestros abuelos o padres – todos a llorar – y después todos a cantar. En las fiestas de cumpleaños somos desentonados pero cantadores y no tenemos ningún empacho en interpretar a gritos desafinados las mañanitas y las canciones que nos pongan. Saltan fuera las excepciones, normalmente tenores, que gracias a nuestro gran acervo musical popular, somos los que más repertorio tenemos. Estoy convencido que hay más voces masculinas por este motivo. Creo que esta parte extrovertida de nuestra personalidad al final de cuentas influye en nuestro modo de cantar y sobre todo de interpretar.

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Por otra parte, es importante mencionar que desde hace mucho hemos tenido a cantantes femeninas cantando en los grandes teatros, desde Angela Peralta (el ruiseñor mexicano) hasta María Katzarava, pasando por Oralia Domínguez, Gilda Cruz Romo, Rosario Andrade y Rebeca Olvera, pero ninguna de ellas hasta ahora – esperando que las carreras de Rebeca y María sigan creciendo- han estado al nivel de los primeros tenores internacionales. En las últimas décadas, las mujeres en México y en el mundo están tomando papeles preponderantes en la cultura y la política, creo que esto ha contribuido a que vengan más voces femeninas mexicanas, seguramente vendrán más.
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Eres uno de los pocos tenores que ha logrado mantener la frescura en su voz, con el paso de los años.  ¿Cuál es tu secreto?
Creo que lo más importante es tener una técnica vocal sólida. La técnica te ayudará a controlar el instrumento vocal para que sea dócil a las necesidades interpretativas del artista. Cuando un cantante no tiene el dominio de su técnica tiene que adaptar la interpretación a sus posibilidades vocales y no al contrario.

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Creo que un segundo elemento, no menos importante aparte de tener una buena técnica, es aprender a reconocer tus límites. Aceptar tus propias características vocales es muy importante porque de alguna manera te pone límites. Hago una comparación con los coches: hay autos de velocidad y los hay limusinas, si la voz y personalidad de un cantante tienen características como los de un coche Ferrari, debería de interpretar obras que vayan con esas características, es decir: obras que requieran fuerza y potencia. Si en cambio, la voz es como una limusina, no debería de pretender ser un Ferrari, y viceversa. Yo soy como un Bentley, me gustan las frases largas e ir con potencia y suavidad hacia las grandes líneas del bel canto. He cantado y canto todavía  algunos roles para voces líricas de fuerza, como Don Carlo, Trovador, Luisa Miller, I Due Foscari y otras,  pero siempre trato de respetar mis características. No pretendo ser lo que no soy. Claro que las obras de Donizetti, Bellini y Mozart, me van como anillo al dedo.
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¿Cuándo debe un tenor empezar a cambiar su repertorio?
No creo que que se deba cambiar de repertorio si no es necesario. Se dice que las voces con el paso del tiempo van cambiando en color y potencia, pero no siempre es así. Por ejemplo las voces de Tito Schipa y Alfredo Kraus, nunca cambiaron. Hay que considerar que con el tiempo, los agudos empiezan a fatigar, y para mantener un repertorio agudo con el paso de los años se vuelve siempre más difícil. Por otra parte, a la mayoría de la gente le gustan los agudos, es más, hay quien va al teatro para escuchar sólo eso. Por lo que, para un cantante que ha basado su carrera en éstos (los agudos), se encontrará con el problema de hacer entender a sus seguidores que los agudos son parte de la interpretación, y no la interpretación misma.

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Por otra parte, normalmente los roles agudos de tenor están escritos para figuras de jóvenes enamorados, ¿qué pasa entonces cuando el cantante deja de ser joven? Necesita adaptar los roles a la edad y pasar poco a poco a aquellos para figuras más maduras. Esto no siempre sucede, como le pasó a Alfredo Kraus, pero él tuvo la suerte que en en su  época se «escuchaba por los oídos» y no «por los ojos» como actualmente es la tendencia. Me explico mejor: hasta hace apenas unas pocas décadas, a los fans de la ópera les podía bastar escuchar a su cantante favorito o a algún otro con una voz maravillosa para salir felices y agradecidos de una función de ópera. No importaba si el cantante era guapo o si la soprano pesaba 120 kilos, entonces, «se veía por los oídos». Ahora, la tendencia es la de «escuchar por los ojos», basta que sean atractivos para que se les considere buenos cantantes sin importar sus cualidades interpretativas, vocales o técnicas. Esta tendencia nace principalmente por la mercadotecnia de las casas discográficas y de algunos teatros, sobre todo norte americanos que buscan crear «estrellas» a cualquier precio.

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Todos buscan encontrar a cantantes como Netrebko, Garança, Gheorgiu o Kauffman, que además de ser excelentes cantantes son muy guapos. Estos son garbanzos de a libra y no se dan en maceta. La mercadotecnia Influye de manera drástica en el gusto del público y crea enorme confusión en el discernimiento del público y la crítica.
Desde luego que este fenómeno siempre ha existido, pero nunca fue tan preponderante como en nuestro tiempo. Todos apreciamos que la ópera en los últimos decenios se haya vuelto más teatral. Pero no caigamos en la trampa de querer volverla más teatro que música y canto. Tenemos que encontrar un término medio para que haya equilibrio entre lo que vemos y lo que escuchamos.
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¿Cuál es la sala de ópera con mejor audiencia para los cantantes y cuál la peor?
No existe una sala mejor o peor para los cantantes, existen cantantes que son más o menos apreciados en los teatros. Pero esta pregunta es interesante, porque cada país o teatro tiene a sus benjamines. Algunos cantantes que son apreciados en un país, tal vez en otros son apenas conocidos. La soprano Barbara Hendricks era muy famosa en Francia, hace años la veía programada en todos lados. Sin embargo en Italia, por ejemplo, casi nadie la conocía. El gran tenor Enrico Caruso era napolitano, y cuando cantó  «El elixir de amor» en Nápoles  después de su enorme éxito en NY fue abucheado por el público. El favorito de los napolitanos en aquel entonces era el español Hipólito Lázaro. Para Caruso entonces cantar en su tierra fue un desastre, pero no para su colega. Usando una frase que conocemos diría que, «cada quien habla, según como le va en la guerra».
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Los cantantes de ópera deben viajar constantemente por todo el mundo y, a veces actuar en escenarios incómodos o enfrentar climas no muy favorables o quizás un público poco versado en ópera.  ¿Cómo se deben encarar estas circunstancias?
Estos son gajes del oficio. Nuestra profesión es difícil y demandante. A la gente que va al teatro no le importa saber si el clima me afecta, si me duele la cabeza, si tengo alergias o problemas familiares. Por otra parte, al público no le debe de importar, es nuestra obligación dar el máximo siempre.
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A veces los colegas no son muy aficionados a la higiene.  ¿Qué haces si tienes que cantar junto a personas que no huelen bien?
Esto no me ha sucedido a menudo, si es así, te alejas y ya. Hay muchos colegas asiáticos que son muy aficionados a comer ajo, esto puede ser molesto.
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Si un director de orquesta  decide cambiar el tempo de un aria en el último momento, sin advertírtelo anteriormente…¿le haces saber que ésto te incomoda o no le das importancia y sigues cantando como si nada hubiera pasado?
Si esto sucediera mientras canto trataría de tomar el tempo que me es cómodo, si no lo hace no me quedaría de otra sino adaptarme, pero luego le hablaría sobre mis necesidades para lo que falta de la función o para las próximas. Si no funcionase, o es muy testarudo o es muy mal concertador. Algunos directores son las dos cosas.
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Tengo entendido que vives en Austria, lugar preferido de los cantantes.  ¿Qué tratamiento especial otorga este país a los cantantes líricos?
Austria es un país musical y artístico. Aquí los artistas son vistos con otros ojos, les merecen mucho respeto. Suiza me negó el pasaporte después de tener mi residencia ahí por casi 14 años, alegando que no formaba parte de la comunidad visto que estaba frecuentemente ausente. A pesar de que demostré tener muchos amigos y que me sentía parte de la comunidad, no aceptaron.  Ya hasta habíamos hecho un cóctel en al Palacio Municipal de Lucerna, presidido por el mismo presidente municipal pero no hubo modo. Así que me fui a Austria en donde a los 6 meses de vivir me ofrecieron el pasaporte de manera honoraria.

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Te voy a contar una anécdota,  durante las celebraciones mozartianas en Salzburgo en el 2016 cantaba Idomeneo, alquilé una casa a 17 kilómetros fuera de la ciudad. Una vez después de una función fui a cenar y terminé muy tarde, de regreso estaba todo vacío. Con toda probabilidad  iba más rápido de la velocidad permitida, vi un auto delante y con cambios de luces le hacía ver que se hiciera a un lado porque lo iba a rebasar. Para mi mala suerte, era la policía. Me detuvo y vino hacia mí el agente, muy molesto, y me pidió mis documentos… -Yo veía la situación muy difícil-  Al menos una buena multa y hasta el retiro de mi licencia de manejo por algún tiempo iba a dar como resultado mi osadía. Después de revisar mis documentos me dijo: «Maestro, estuve en su ensayo general de Idomeneo ¡Le felicito!» -me regreso el alma al cuerpo- y agregó, «creo que viene usted un poco más rápido de la velocidad permitida, no sé si pedirle un autógrafo o ponerle una multa»… Le dije que podía hacer las dos cosas, pero que preferiría darle sólo el autógrafo… reímos y me acompañó a casa. Bueno, tuve suerte que me haya tocado un policía al que le gustaba la ópera… Es una historia particular que creo podía suceder sólo en Austria.
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¿Cómo hace un cantante joven para saber si va a tener éxito en la  ópera?
Nadie puede saber si se va a tener éxito en la ópera ni en ninguna forma de arte. Lo que se necesita es tomar decisiones y perseguir los sueños con ahínco y entrega. Esta profesión se escoge por pasión. Nadie puede asegurar que algún día el joven estudiante de canto va a pisar un escenario como cantante profesional, tanto menos si va a ser una estrella. Si alguien estudia canto buscando la fama, va a lograr sólo frustraciones. Lo mejor es prepararse. Creo que para lograr el éxito sirven varias cosas,  pero de esas, son imprescindibles al menos tres: capacidades, oportunidades y un poquito de suerte. En ese orden.
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Generalmente los cantantes firman contratos con mucha anterioridad, pero a veces ellos no se encuentran ya en su mejor momento para interpretar la ópera programada.  ¿Puede la compañía de ópera cancelar sus contratos, o qué sucede en estas circunstancias?
En esos casos el teatro tiene la autoridad para protestar al artista. Esto lo he visto en muy pocas ocasiones. Pero no siempre se cancelan contratos porque el cantante no se encuentra en su mejor momento. Puede ser que haya cambiado repertorio, o tal vez al final se da cuenta que no le va bien la ópera que ya firmó, eso suele pasar. A mí me sucedió con la ópera Carmen, la cancelé dos veces porque al final no me quedaba bien o al menos como yo hubiera querido. Pienso que si a un artista no siente o no le queda bien una obra, es mejor que renuncie. Es importante notar que a veces las obras que vas a interpretar son caprichosas, algunas que te deberían de quedar no te quedan y otras que en apariencia, no son de tu repertorio, por el contrario, te van muy bien. No hay una regla.