Àlex Ollé: Ampliar el gusto y cuestionar certezas del público

Àlex Ollé

Conocido por ser uno de los fundadores de La Fura dels Baus, el director artístico Àlex Ollé (Barcelona, 1960) vivió una nueva aventura en el mundo de las artes escénicas durante el 2022 con el proyecto Òh!pera. La iniciativa, organizada en conjunto por el Gran Teatre del Liceu y el Disseny Hub del Ayuntamiento de Barcelona, consistió en el trabajo transversal entre jóvenes de diferentes disciplinas para crear una microópera que abordara temáticas actuales y que desembocara en una nueva experiencia operística. En De ópera y otras hierbas, Ollé relata esta experiencia y entrega ideas sobre la ampliación del gusto de los públicos asiduos, la profundización en la educación musical y las reflexiones que hay tras la reinterpretación de una ópera en el mundo actual.

 

Por Álvaro Molina R.

 

Foto de portada: Daniel Escale

 

Es julio de 2022 en el Gran Teatre del Liceu, en Barcelona. Una ambientación postapocalíptica en el metaverso de la información contrasta con el clasicismo del Salón de los Espejos. En el Conservatorio, en tanto, una inquietante historia gótica de fantasmas y espiritismo explora las causas y peligros de la desinformación y ensombrece el teatrino del Conservatorio. El foyer del Liceu es, a la vez, escenario de dos obras: una que relata la desconfianza entre parejas y otra que adapta de forma libre y actualizada el mito de Orfeo y Eurídice.

 

Todas las piezas anteriores forman parte del proyecto Òh!pera, una iniciativa impulsada en 2022 por el Gran Teatre del Liceu y el Disenny Hub del Ayuntamiento de Barcelona. A cargo de la dirección artística está Àlex Ollé (Barcelona, 1960), conocido, entre otras cosas, por ser uno de los fundadores de la compañía teatral La Fura dels Baus. “En proyectos como Òh!pera, podemos ver óperas de estilos musicales muy diferentes, con puestas en escena pensadas desde el riesgo y la voluntad de innovación, y con un abanico de lenguajes artísticos y estéticos muy extenso que refleja, sin duda, los muchos caminos que existen en la creación contemporánea”, señala Ollé. El director artístico trabajó junto a cuatro equipos compuestos cada uno por un compositor, un libretista, un director de escena y una escuela de diseño de Barcelona para crear una nueva ópera de 30 minutos de duración que abordara temáticas contemporáneas.

 

El fruto de este proyecto fueron las óperas Entre los árboles, compuesta por José Río-Pareja, con libreto de Juan Mayorga y dirección de escena de Nao Albet; L’occell redemptor, compuesta por Fabià Santcovsky, con dirección de escena de Marc Chornet; The Fox Sisters, compuesta por Marc Migó, con libreto de Lila Palmer y dirección de escena de Silvia Delagneau; y Shadow. Eurydice says, compuesta por Núria Giménez-Comas, con libreto de Giménez-Comas y Anne Monfort y dirección de escena de Alícia Serrat.

 

The Fox Sisters. Foto: Paco Amate.

 

Redes sociales, desinformación, cambio climático, violencia y más

 

Descubrir nuevos talentos para la ópera era uno de los objetivos de (Òh!)pera. ¿Cómo armaron los equipos creativos?

 

Òh!pera es un proyecto que lo que quiere es dar oportunidades y, en este sentido, todos los que estamos involucrados de una manera u otra a lo que aspiramos es a contribuir al surgimiento de una nueva generación de profesionales. Porque no debemos olvidar que la ópera es, en esencia, un arte multidisciplinar. Y en cada ópera se necesitan compositores, libretistas, directores de escena, músicos, cantantes, escenógrafos, vestuaristas. Y también iluminadores, atrezzistas, regidores… y un largo etcétera.

 

En el proyecto Òh!pera formamos cuatro equipos compuestos cada uno por un compositor, un libretista, un director de escena y una escuela de diseño. Cada equipo realizó una ópera de nueva creación de 30 minutos de duración máxima que desarrollaron conjuntamente hasta el estreno.

 

Los primeros en ser seleccionados son los compositores y es el director artístico del Gran Teatre del Liceu, Víctor García de Gomar, el responsable de hacerlo. Después, los compositores escogen a su libretista. Y a mí me toca la selección de los directores/as de escena. Para hacerlo me baso en trabajos que haya visto de cada uno de ellos, en referencias, recomendaciones y, al final, en una entrevista.

 

Por lo que respecta a los libretistas, solo les pedimos que los libretos traten, dentro de lo posible, sobre temas actuales y que puedan interesar a un público más joven y heterogéneo.

 

¿Qué caracteriza a los nuevos talentos que fueron elegidos para crear las microóperas?

 

Decidir quién tiene talento no es la finalidad del proyecto Òh!pera.  Nosotros aspiramos a dar a todos los seleccionados la oportunidad de introducirse en el mundo de la ópera. Y, como objetivo del proyecto, generar un nuevo plantel de jóvenes creadores. También, y muy importante, que a través de sus trabajos atraigan a nuevos públicos.

 

Como ya he dicho antes, la selección de compositores y directores de escena se hace a partir de los trabajos que han realizado anteriormente. Lo que interesa es la personalidad que muestran esos trabajos, la capacidad de innovación y, también, la capacidad de riesgo.

 

Desde la parte musical quizá es más fácil ver esas características generacionales, por la utilización de la música electrónica, la fusión de técnicas musicales, la manera de utilizar los instrumentos o la manera en que exploran las propiedades del sonido.

 

Pero en lo que se refiere a la dirección de escena, resulta más complejo determinar esas características. Quizá la manera de utilizar el espacio escénico sea una de ellas: rompiendo en muchos casos la cuarta pared, con el público de pie, moviéndose por el espacio al igual que los cantantes. Otra podría ser una mayor relación entre los cantantes y los músicos. Y, por último, todo lo que tiene que ver con las corrientes estéticas de este momento.

 

Nos encontramos en un momento en que los compositores tienen formaciones muy amplias, híbridas y multidisciplinares y, por lo tanto, el abanico de estilos de obras de nueva creación es muy amplio y no es fácil que las programaciones de los grandes equipamientos lleguen a reflejar esta gran variedad.

 

(Òh!)pera se planteó como un reflejo del momento actual de Barcelona en el ámbito de la composición, en el que han surgido nuevas generaciones formadas en un contexto cultural e histórico renovado e insertadas en el entorno global. En términos artísticos y estéticos, ¿puedes comentarnos acerca de este momento actual de la ciudad en cuanto a creación?

 

Los compositores seleccionados para las dos primeras ediciones de Òh!pera forman parte del proyecto Barcelona Creació Sonora en el que, aparte del Gran Teatre del Liceu, participan también otras instituciones musicales y el ayuntamiento de la ciudad. Este tipo de programas responde a la necesidad de dar salida a la gran cantidad de creadores musicales que existe en la ciudad para que sus obras no solo no se queden en un cajón, sino que lleguen a las programaciones de las grandes salas y, por lo tanto, al gran público. Cosa que quizá sea el puente que a veces falta en el ámbito de la música contemporánea.

 

Nos encontramos en un momento en que los compositores tienen formaciones muy amplias, híbridas y multidisciplinares y, por lo tanto, el abanico de estilos de obras de nueva creación es muy amplio y no es fácil que las programaciones de los grandes equipamientos lleguen a reflejar esta gran variedad.

 

Por eso son necesarios proyectos como Òh!pera, donde podemos ver óperas de estilos musicales muy diferentes, con puestas en escena pensadas desde el riesgo y la voluntad de innovación, y con un abanico de lenguajes artísticos y estéticos muy extenso que refleja, sin duda, los muchos caminos que existen en la creación contemporánea.

 

Shadow. Eurydice says. Foto: Paco Amate.

 

Una de las entidades que impulsó esta iniciativa junto al Liceu es el Disseny Hub Barcelona, un punto de encuentro para la innovación, divulgación y experimentación. ¿Cuáles son los beneficios para un teatro de aliarse con instituciones de este tipo?

 

Òh!pera nace de la voluntad del Ayuntamiento de Barcelona, a través de Disseny Hub y del Gran Teatre del Liceu. Ambos partían de una premisa previa que era que ambas instituciones trabajaran juntas en proyectos que fueran capaces de potenciar el talento y la creatividad en la ciudad de Barcelona. En el ADN del proyecto estaba que cada una de las producciones contara con una escuela de diseño de Barcelona. Ésta se encargaría de trabajar, conjuntamente con el director de escena, la concepción del espacio escénico, la escenografía, el vestuario, el vídeo en caso de que lo hubiera, la iluminación, etc.

 

Los beneficios de este proyecto son para los alumnos de estas escuelas, que podrán tener una experiencia profesional y práctica en el proceso de creación de una ópera. Podrán vivir un proceso creativo desde su inicio hasta el final. Y también, y muy importante, trabajar en equipo. Disseny Hub es quien se encarga de la selección de estas escuelas.

 

Ahora que ya ha pasado un tiempo, ¿qué evaluación haces de (Òh!)pera en general y de los proyectos que fueron presentados?

 

La voluntad es que esta iniciativa tenga continuidad en el tiempo. De momento, ya estamos preparando una segunda edición que se hará a principios de julio del 2023. Todos los que hemos trabajado en el proyecto estamos muy satisfechos del resultado. En primer lugar, por la calidad de las cuatro propuestas, todas ellas muy diferentes.

 

La acogida por parte del público y de la crítica fue muy buena. Se llenaron todas las funciones. Vino un público muy heterogéneo, desde el público asiduo al Liceu hasta gente joven que no suele ir a la ópera. Pero igual de importante es la experiencia que tuvieron todos los participantes en el proyecto, compositores, libretistas, directores de escena, músicos, cantantes y estudiantes de las escuelas de diseño, etcétera.

 

L’occell redemptor. Foto: Paco Amate.

 

Estética reaccionaria

 

Un 23 de junio de 1996, la plaza de las Pasiegas, en Granada, se atestó de diferentes públicos. Según describió el periódico español El País, al lugar llegaron “gentes de erudición, seguidores de ‘lo que se lleva’ y, mayoritariamente, público llano y sin prejuicios, dispuesto a participar en todo acontecimiento que considera importante”. El evento en cuestión era el estreno de una nueva producción de La Atlántida, la ópera que Manuel de Falla (1876-1946) dejó inconclusa y que luego fue completada por su fiel discípulo Ernesto Halffter (1905-1990).

 

Las expectativas eran altas, puesto que, aunque que la ópera ya había subido en escena en Granada anteriormente, aquella vez la producción estuvo a cargo de La Fura dels Baus, la compañía teatral española que desde 1979 estaba dando de qué hablar en los círculos artísticos del mundo por su fuerza creativa y variedad de interpretaciones. Finalizada la presentación, quince minutos de aplausos y ovación “corroboraron la excelente impresión que causó su desmesurada lectura visual de la partitura más compleja de Manuel de Falla”, señaló en ese momento el periódico La Vanguardia. Por su parte, El País afirmó “Nunca un montaje de Atlántida superó en imaginación e invención paralela a la de la Fura dels Baus”.

 

Las mentes tras aquella versión escénica fueron Carlus Padrissa y Àlex Ollé, directores escénicos y dos de las seis cabezas del equipo fundador de la Fura. Desde 1979, la compañía apostó por la excentricidad, innovación, fuerza creativa y transgresión en sus obras y adaptaciones artísticas. Con el tiempo, nació el concepto del “lenguaje furero”, aquel que rompe la “cuarta pared” entre la actuación y el público, mediante el traslado de las obras, ya sean de arte escénico, ópera, cine o macroespectáculos, a espacios no convencionales como un matadero, un hangar, una cárcel o una fábrica.

 

“La obra de arte total” acuñada por Wagner está presente en el alma de la Fura. Una expresión que, según Ollé, “sin que tuviéramos conocimiento de su procedencia, la utilizábamos para definir el tipo de espectáculos que buscábamos hacer”. Las propuestas de la Fura mezclan en un mismo crisol artístico el primitivismo y la tecnología, la naturaleza y la técnica, además de múltiples disciplinas escénicas para crear un espectáculo total. En el mundo del siglo XXI, aquella diversidad de formaciones es reconocible en el proyecto Òh!pera.  “Los creadores más jóvenes se han encontrado con un lenguaje tan marcadamente multidisciplinar en un momento en que los compositores tienen formaciones muy amplias, híbridas y multidisciplinares”, reflexiona Ollé.

 

¿Qué efecto ha tenido en los públicos la presentación de las  microóperas? ¿Crees que la ópera se vuelve más accesible a públicos desafectos cuando nos habla del presente?

 

Pienso que para el público asiduo al Gran Teatre del Liceu ha sido muy positivo descubrir a compositores y directores de escena con propuestas que son muy diferentes a lo que están acostumbrados.

 

Para muchos jóvenes, en cambio, éste ha sido un primer acercamiento al mundo de la ópera, lo que supone el descubrimiento de un lenguaje caracterizado por ser tan marcadamente multidisciplinar. Tal como el señor Wagner acuñó, la ópera es el “espectáculo total”, algo que a mí siempre me ha hecho gracia, porque esta expresión, sin que tuviéramos conocimiento de su procedencia, la utilizábamos nosotros, siendo muy jóvenes, para definir el tipo de espectáculos que buscábamos hacer o que, de hecho, hacíamos en La Fura dels Baus.

 

También fue muy especial el hecho de que las cuatro obras se realizaran en diferentes espacios del teatro, con el consiguiente recorrido por diversos lugares del Gran Teatre del Liceu.

 

Y, respecto a si la ópera se vuelve más accesible, lo esencial es, sin duda, crear libretos con los que los jóvenes se puedan sentir identificados o simplemente interesados por los temas que tratan. Y también por la manera como se abordan estos temas escénicamente.

 

Es una posición estéticamente muy reaccionaria plantearse que hay una forma correcta de llevar a escena una ópera y que esta forma consiste en ilustrar fielmente lo que el texto reclama. La perfección consistiría, entonces, en hacerlo todos igual o lo más parecido a un ideal absoluto.

 

En una entrevista para The New Barcelona Post en junio de 2021 comentaste que: “Hay que producir obras que nos hablen del presente. Al final, quienes sí lo hemos hecho, y aunque la crítica local no nos haya entendido, somos los que hemos salido por el mundo.” ¿Cuáles son los temas que ocupan o preocupan a creadores en la actualidad?

 

Muchos de los temas que ocupan y preocupan a los creadores de hoy no han cambiado en los últimos cien años, porque la mayoría son inherentes al ser humano. Pero hay otros que tienen mayor actualidad. Son aquellos con los que, en este momento, somos más sensibles. Por ejemplo: la manera en que nos relacionamos, las redes sociales, el exceso y manipulación de la información, el cambio climático, la violencia en todas sus facetas, la corrupción, la desigualdad, la invisibilidad de las personas con diversidad funcional y, una muy importante, la angustia de los jóvenes por el futuro que les espera.

 

Todos estos temas, y muchos más, son los que deberían vertebrar buena parte de las propuestas de libretos de ópera y teatro en estos momentos. Es imprescindible provocar en el público una reflexión sobre todos estos temas.

 

Entre los árboles. Foto: Paco Amate.

 

En el ecosistema cultural de hoy en día, ¿es posible que convivan en un mismo espacio el patrimonio creativo de la ópera –tanto con interpretaciones tradicionales como contemporáneas o experimentales– y las nuevas creaciones?

 

Por supuesto, esto ya está pasando en muchos teatros, aunque en la mayoría aún se apuesta muy poco por las nuevas creaciones y por la experimentación en el género operístico. El público de la ópera sigue siendo un tanto conservador en lo que se refiere a las propuestas escénicas y a la música contemporánea.

 

Creo que es indispensable que exista esta diversidad en la programación de un teatro. Como ya he dicho anteriormente, hay que ampliar el gusto del público asiduo, pero también hay que profundizar en la educación musical de los niños, provocar el interés de los adolescentes y atraer al público de entre 20 y 30 años. Solo así aseguraremos que la ópera siga siendo un lenguaje de actualidad y de futuro.

 

La gente va al teatro porque le gusta la vida. Necesita sentirse cuestionado en sus certezas. Necesita que lo sorprendan con un giro inesperado. Quiere ver cómo alguien redescubre, reinventa lo que es de sobras conocido.

 

Ahora tomando en cuenta a los públicos más asiduos a este género, ¿cuáles son las propuestas para ampliar sus gustos?

 

Somos muchos los directores de escena que buscamos actualizar los libretos para que el público se pueda sentir más vinculado con lo que sucede sobre el escenario. Algunas veces, para crear un mayor interés por la obra, creamos dramaturgias paralelas para enriquecer aspectos que, con el paso del tiempo, han perdido el valor que tenían cuando se estrenó la pieza. Para desarrollar nuestras propuestas, utilizamos el espacio escénico de manera menos convencional, utilizamos nuevas tecnologías, o incorporamos las proyecciones de vídeo para potenciar aspectos visuales o narrativos que, de otro modo, sería imposible hacer.

 

¿Por qué cuento todo esto? Porque esta manera de entender una puesta en escena choca muchas veces con los gustos de una parte del público asiduo a la ópera. Pero solo apostando por este tipo de propuestas, sin que esto signifique descartar otras quizá más clásicas, apoyando óperas de nueva creación y apostando por proyectos como el de Òh!pera conseguiremos ampliar los gustos de una parte importante del público que va a la ópera. No hay nada que enriquezca más que la diversidad, sea en el ámbito que sea.

 

¿Hasta qué punto se pueden interpretar o reinterpretar las obras en la ópera?

 

Es una posición estéticamente muy reaccionaria plantearse que hay una forma correcta de llevar a escena una ópera y que esta forma consiste en ilustrar fielmente lo que el texto reclama. La perfección consistiría, entonces, en hacerlo todos igual o lo más parecido a un ideal absoluto.

 

Pero no hay mejor ejercicio que mirar puestas en escena de hace 20, 30, 40, 50 años… Las escenificaciones se hacen viejas, se vuelven de cartón piedra, el vestuario es ridículo, la lectura plana… El arte forma parte del mundo vivo, está en movimiento, cambia, busca nuevas formas, maneras nuevas.

 

Ni siquiera la música, perfectamente pautada, es exactamente la misma. No ya porque cada director musical le aporte su propio punto de vista, sino porque también cambia la escucha del público. Y cambia el repertorio. Lo que perdura, lo hace precisamente porque se lo pone a prueba.

 

La gente va al teatro porque le gusta la vida. Necesita sentirse cuestionado en sus certezas. Necesita que lo sorprendan con un giro inesperado. Quiere ver cómo alguien redescubre, reinventa lo que es de sobras conocido.