Händel: música, emociones y comunidad | Clemens Birnbaum

Considerado por Beethoven y Mozart como uno de los más grandes genios e influencias musicales de la historia, Händel es un compositor cuyo legado ha sido redescubierto en el transcurso de los años. En las últimas décadas, diferentes teatros han rescatado sus óperas italianas como Agrippina o Rinaldo u oratorios como Theodora o Israel en Egipto como una manera de acercar el Barroco a nuevas audiencias.  Clemens Birnbaum, director de la Casa Händel y el Festival Händel en Halle, Alemania, nos guía para ahondar más en la influencia y legado de este compositor, una personalidad esencial para comprender la evolución e impacto de las producciones musicales de hoy.

 

Cuando Georg Friedrich Händel decidió instalarse definitivamente en Inglaterra en 1712, sus oratorios y óperas ya comenzaban a gozar de prestigio entre los públicos de la Europa del siglo XVIII. Según los musicólogos Winton Dean y John Merrill Knapp, los asistentes a las funciones quedaban atónitos ante el estilo sublime y grandioso del compositor. “Se decía en la época que la música de Händel capturaba el aliento y alteraba la mente”, escribió Dean en alusión a las presentaciones en los escenarios de Covent Garden y Cannons.

 

Händel tiene la particularidad de haber escrito música de cámara, oratorios y óperas que apelaban tanto a la refinada aristocracia europea como a las clases medias, atraídas por componente emocional de sus obras, las historias de proporciones bíblicas y un estilo musical majestuoso en la orquestación.

 

 

La popularidad de este compositor, no obstante, está también marcada por enigmas en cuanto a su identidad y nacionalidad. La investigadora de la Universidad de Wisconsin Pamela Potter señala que Händel “es una figura empeñada en incluirse en el panteón de los compositores germanos, pero al mismo tiempo difícil de considerar como un compositor de música alemana”. Clemens Birnbaum, director de la Fundación Casa Händel y del Festival Händel, concuerda: “es complicado considerar a Händel como un compositor germano al igual que, por ejemplo, otros de la época como Bach o Telemann. Händel se marchó muy tempranamente a Inglaterra para consolidar su carrera y estilo musical”.

 

En esta entrevista exclusiva para Ópera Latinoamérica (OLA), realizada en el marco del seminario Gestión de Festivales de Música -organizado por OLA y el Teatro Mayor de Bogotá- profundizamos junto a Clemens Birnbaum – quien también participará en el próximo V Festival Internacional de Música Clásica de Bogotá – sobre el trabajo y la influencia de Händel tanto en el barroco como en la música contemporánea.

 

  • ¿Recuerdas cómo tomaste contacto con la música de Händel?

 

La primera vez que escuché la música de Händel fue cuando tenía alrededor de 6 o 7 años. Había un disco, un LP con los “grandes éxitos” de diferentes compositores. No recuerdo la obra en particular, pero probablemente fue la Música para los reales fuegos artificiales o El mesías. Cuando estudié música, fui parte de un coro y tengo muy vívida la memoria de representar el oratorio bíblico Israel en Egipto.

 

Cuando estudié en Colonia me introduje con más profundidad en la música de Händel. Esa ciudad es central para lo que llamamos “prácticas históricas de producción musical”, es decir, involucrarse con el sonido de los instrumentos de época y dirección artística propia del barroco para conseguir una representación lo más fiel de esta música.

 

  • ¿Cómo te vinculaste con esa música según tus gustos personales?

 

Todavía resuena mucho en mí una de las frases más famosas del compositor Kurt Weill, quien dijo: “Nunca he reconocido la diferencia entre música seria y música ligera. Solo hay buena música y mala música”. Cuando trabajé en el Festival Kurt Weill me di cuenta de que ese pensamiento era similar a mi percepción. Me fascina la música de la Edad Media, el barroco y el período romántico, pero también los sonidos contemporáneos, desde las vanguardias hasta el jazz o el pop.

 

Más allá de la música y volviendo a Händel, cuando llegué a Halle en 2009, que es la ciudad donde realizamos el Festival Händel, junto a otros musicólogos profundizamos en la biografía y repertorio de Händel.

 

Casa Handel. Foto: Thomas Ziegler

 

  • ¿Y qué descubrieron?

 

De partida, cómo trabajar la recepción de los públicos a las obras de Händel. Pero he aprendido un tema que es más bien político: qué compositor se promociona o no en la oferta programática. Por ejemplo, esto se puede ilustrar con la recepción que hay para los trabajos de Bach, quien fue un compositor de mucho prestigio para los prusianos de la época y siento que sus obras tienen una recepción mucho más masiva que otros.

 

Händel, sin embargo, no es estrictamente un compositor alemán porque se marchó a formar su carrera en Londres, por lo que podemos catalogarlo como un artista germano-británico. Pero cuando recordamos a Beethoven o a Mozart, ellos estaban muy interesado en la música de Händel, la cual se posicionó como una influencia muy importante para sus respectivas carreras.

 

Entonces aquí radica un desafío, que es la promoción de compositores extremadamente influyentes -como Händel-, pero que no gozan de una programación tan masiva como les correspondería.

 

  • ¿Qué otras influencias se ven en ese ámbito político?

 

Durante el siglo XX, en Alemania vivimos dos dictaduras luego de la República de Weimar. Por un lado, por supuesto, los nazis, quienes se encargaron de tomar a diferentes compositores alemanes para armar su propia narrativa y propaganda en torno a la “germanización” de Händel para congregar a las masas. Creo que es interesante esta politización del repertorio de Händel, en particular sus oratorios, y cómo la música refleja a la sociedad y viceversa.

 

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En la Alemania de la posguerra se desarrolló un proceso de redescubrimiento y revalorización de la música de Händel. A principios de la década de 1920, surgió un movimiento de musicólogos que, entre otras actividades, impulsaron el estreno alemán de la ópera Rodelinda en 1920. Luego, en 1922, se llevó a cabo un espectáculo a gran escala en Halle: el Festival Händel. En su primera edición, se presentaron los oratorios Semele y Susana y la ópera Orlando furioso con arreglos de Hans Joachim Moser.

 

El éxito del festival contribuyó a la creación de un instituto de estudios y programación dedicado a Händel. Entre los personajes clave de la recuperación del catálogo del compositor se encuentra el musicólogo Rudolf Steglich, quien, de acuerdo con Pamela Potter, promovió su música como «más que construcción de sociedad» y en cambio como «construcción de comunidad», capaz de mostrar el camino que se aleja de la «existencia demasiado individualista» hacia algo «nuevo, comunal-intelectual-sólido».

 

En ese sentido, según Steglich, la música de Händel serviría como “un remedio a la fragmentación y espíritu divisivo que vivía la Alemania del periodo de entreguerras”, y como una “fuente para unir una sociedad destrozada por los horrores de la Primera Guerra Mundial”.

 

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  • ¿Hay algún diálogo o reflexión entre la tradición barroca y la sociedad moderna?

 

No me atrevería a decir una influencia general de la música en la sociedad como conjunto. No obstante, sí creo que hay una influencia particular en cada persona a nivel individual, expresada en la recepción de una determinada pieza musical. A lo que me refiero con esto es que, por ejemplo, el himno de la Champions League de la UEFA toma muchas referencias a Händel y sus oratorios. ¡Y para quién no es familiar ese himno!

 

Con respecto a cómo la música moderna puede verse influida por el Barroco, creo que depende de qué lado lo miras. En ese sentido, el jazz tiene mucha vinculación, debido a que la música barroca se basa en numerosos pasajes de improvisación. ¡Y qué más característico del jazz que la improvisación!

 

Incluso si retrocedemos un poco más en el tiempo, en mi opinión creo que el Barroco llegó a influir mucho en una generación especial de la sociedad y cultura alemana que deseaba romper con la tradición romántica y el wagnerismo. En la década de 1920 surgieron compositores y músicos que decidieron recuperar la épica del barroco. Por ejemplo, el oratorio Oedipus Rex, de Stravinsky, que toma prestados recursos como las arias da capo de la ópera barroca. Creo que fue introducir una nueva forma de narrativa y storytelling opuesta a lo que se venía haciendo desde el Romanticismo.

 

Concierto final en Galgenberg Gorge. Foto: Thomas Ziegler

 

  • Desde un punto de vista musicológico, ¿en qué deberíamos fijarnos al escuchar la música de Händel? ¿Cuáles son sus características esenciales?

 

Esa es una muy buena pregunta. Si miras el catálogo de Händel, hay muchos trabajos que podríamos considerar como obras en proceso u opera in movimento. Lo fascinante es la forma de concebir los arreglos musicales para lograr un importante efecto emocional. Händel compuso música muy poderosa que recurría a instrumentos como las trompetas y timbanis. Pero por supuesto que Bach también los utilizaba, aunque el efecto está lejos de ser el mismo.

 

Cuando llega el momento de desarrollar los programas para el Festival Händel, nos fijamos en el afecto que queremos transmitirle a la audiencia. Es por eso que seleccionamos arias u oratorios que reflejen de mejor manera ese componente emocional de la música barroca y de Händel en particular.

 

  • En ese contexto de organización de festivales, ¿cómo sugerirías llegar a las audiencias o nuevos públicos a través de la música de Händel?

 

Creo que el punto de partida es programar las obras más famosas, como Música para los reales fuegos artificiales, Música del agua o El mesías. No sugeriría comenzar por las óperas de Händel ya que hay muchas que son bastante largas y pueden alejar a los públicos que recién se están introduciendo en la lírica. Es mucho más fácil presentar este género con oratorios más cortos o fáciles de digerir en la experiencia.

 

Por otro lado, hay una serie de combinaciones que se pueden realizar entre la música barroca y elementos modernos. A modo de ejemplo, se puede combinar con el jazz por lo mismo que mencionaba antes acerca de la improvisación. Otra mezcla interesante se puede ver en los lounges barrocos, música barroca que utiliza recursos de electrónica contemporánea.

 

Por último, es fundamental mantener el trabajo con niños. Es posible crear historias con ellos para que la ópera les resulte más atractiva. En ese sentido, muchos trabajos de Händel pueden ser interesantes, ya que relatan historias que pueden ser interpretadas desde el punto de vista de un cuento de hadas.

 

Apertura del Festival de Händel en la plaza del mercado junto al monumento a Händel. Foto: Thomas Ziegler

 

  • Recientemente se han estrenado producciones de óperas barrocas con una escenificación y dirección artística particularmente moderna y conceptual. Pienso en las producciones del Metropolitan para Orfeo y Eurídice o Agrippina. ¿Es esa también una forma de atraer nuevos públicos?

 

No es tan común encontrar escenificaciones de óperas barrocas porque son algo muy específico. La trama se cuenta solo en los recitativos y las arias son muy potentes a nivel emocional. Es difícil ambientar esas historias en un contexto moderno, por lo que la dirección artística debe ser diferente a las óperas que consideramos más clásicas.

 

Las óperas barrocas, en todo caso, sí pueden tener un gestus representado a través de una règie que aborde en profundidad elementos y recursos teatrales. Ese modelo puede impactar mucho a las audiencias. Como dices, puede ser un cruce interesante entre dos mundos radicalmente distintos, el barroco antiguo y la sociedad contemporánea posmoderna. Eso permite buscar nuevas formas de diálogo entre ambas épocas e invita a pensar escenificaciones distintas.

 

Tampoco olvidemos el componente emocional que es propio de la ópera barroca y que es representado vívidamente por quienes están arriba del escenario, sean cantantes o bailarines. Si miras la forma en que se produjo Rinaldo en Londres, esta tenía una variedad espectacular de recursos como pequeños fuegos artificiales, marionetas de dragones apareciendo en el escenario, ¡impactante! Creo que hay una cierta magia con la que se puede trabajar estas emocionantes composiciones barrocas y, por supuesto, las de Händel.

 

Iglesia de mercado, Halle. Foto: Thomas Ziegler