La Fundación Juan March (España) se une a Ópera Latinoamérica

Con su incorporación a Ópera Latinoamérica, la Fundación Juan March —institución filantrópica española creada en 1955— amplía su apuesta por el teatro musical de cámara y la ópera a pequeña escala. Miguel Ángel Marín, director de su Departamento de Música, explica la visión detrás de una institución que lleva décadas ofreciendo una programación gratuita y «llegando a espacios donde otras instituciones no pueden o no saben.»
La ópera de cámara es uno de los formatos más exigentes y especializados del repertorio lírico. Un contrapunto a las grandes producciones y a los espacios masivos, la ópera a escala más pequeña entrega una experiencia cercana e íntima. Desde 2014, la Fundación Juan March se ha encargado de ofrecer a los públicos sus representaciones escénicas de forma gratuita.
Esta vocación de hacer accesibles obras musicales distintivas e innovadoras es lo que define la premisa general de la institución. Como apunta su director de Música, Miguel Ángel Marín, la Fundación Juan March «llega a espacios donde otras instituciones no pueden o no saben.»
Creada en 1955 por el empresario y financiero español Juan March Ordinas, la fundación se planteó con la misión de fomentar las artes, el patrimonio y la cultura en España, con un marcado compromiso por la filantropía y la calidad de la oferta que ofrece a la ciudadanía. Luego de algunas décadas dedicada a la entrega de becas, la fundación hoy opera con sus programas propios de arte, música y conferencias enfocadas en las humanidades y las ciencias. Con espacios en Madrid, Cuenca y Palma, la institución «es una entidad filantrópica pura y el acceso a todos sus actos es libre y gratuito», destaca Marín.

«Un filón inexplorado»: la ópera a escala íntima
Es justamente en su espacio en Madrid que la Fundación Juan March cuenta con una sala de cámara, la que año a año presenta títulos de ópera y otros géneros de teatro musical concebidos originalmente para espacios pequeños. En 2014, la organización inició su formato de Teatro Musical de Cámara con una producción de Cendrillon (1904), una opereta de salón con música y texto de Pauline Viardot (1821-1910).
«La programación se concibe con una marcada actitud de comisariado musical, es decir, concebir programas conformados por una selección de compositores, obras e intérpretes con el objetivo último de intensificar la experiencia del oyente y explorar fórmulas nuevas o inusuales de escuchar música», indica Miguel Ángel Marín, quien desde 2009 ha estado a cargo del departamento de Música de la Fundación Juan March.
En la treintena de óperas de cámara que ha programado la Fundación Juan March han convivido el Barroco (Los elementos, 2018); la ópera de marionetas (Fantochines, 2015); la nueva creación (La muerte y el industrial, 2023) y el rescate de los Ballets Espagnols de la coreógrafa argentina-española Antonia Mercé (El contrabandista y Sonatina, 2024).
«La mayoría de los oyentes asocian la ópera con producciones grandes, pero en términos históricos esta visión es incompleta. Detectamos que había un filón inexplorado. Hemos representado más de una treintena de óperas de cámara, desde el Barroco hasta el presente. Mi impresión es que el público sale agradecido por tener una visión tan cercana e íntima de la ópera», comenta Marín.

Más de 50 años formando nuevas audiencias
En 1975 la fundación inauguró uno de sus proyectos estrella: los Conciertos Didácticos para estudiantes de colegios e institutos. Realizados de manera ininterrumpida por más de 50 años, el formato busca «estimular la experiencia estética y musical de los adolescentes». Estas experiencias se complementan con guías y materiales didácticos, las que luego son trabajadas en las aulas junto a los docentes.
El proyecto ha incluido conciertos que cruzan música con pintura, naturaleza, culturas antiguas, folclor, danza y literatura, entre muchas otras disciplinas y temáticas. No obstante, el desafío de hablarle a las nuevas audiencias obliga a adaptar los mecanismos de aprendizaje.
«El concepto de los Conciertos Didácticos ha cambiado radicalmente, tanto como los tiempos y el contexto de aprendizaje. En la fase actual, estos conciertos didácticos tienen dos rasgos esenciales: el aprendizaje por objetivos y el concierto escenificado, dotándolo de acción teatralizada para facilitar el acceso de los jóvenes», agrega Marín.

La red iberoamericana
La Fundación Juan March actualmente es la novena organización española en unirse a Ópera Latinoamérica. Esta incorporación ya ha comenzado a dar sus frutos; la fundación ha programado colaboraciones iberoamericanas como Domitila de Joao Guilherme Ripper, en 2024, y El vizconde de Francisco Asenjo Barbieri en 2025, una coproducción junto al Teatro de la Zarzuela y los colombianos Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo y Teatro Metropolitano José Gutiérrez Gómez.
«Estamos participando activamente en la creación y expansión de una red de colaboración con otros teatros. Para nosotros, el campo de acción se centra en la ópera de cámara, que tiene un enorme potencial y que cada vez está logrando una mayor presencia en los teatros. Es una línea de futuro de enorme proyección», observa Marín.

Sobre la visión de la Fundación Juan March, las premisas que guían su programación y los objetivos detrás de sus proyectos artísticos, musicales y educativos profundiza Miguel Ángel Marín en la siguiente entrevista.
La Fundación Juan March se ha posicionado como una institución de referencia en materias de difusión cultural y disciplinas artísticas. ¿Cómo describiría la filosofía y los principales objetivos del Departamento de Música dentro del proyecto global de la Fundación Juan March?
La programación musical de la Fundación sigue las premisas generales de la institución: proporcionar a la ciudadanía interesada en la cultura una temporada musical que sea distintiva e innovadora, para así complementar las propuestas de otras instituciones. Llegar a espacios donde otras instituciones no pueden o no saben.
La programación musical de la Fundación abarca conciertos de cámara, ciclos temáticos, conferencias-concierto, óperas de cámara, entre otros formatos. ¿Cómo es la estrategia de programación y la curaduría de repertorios? ¿Qué objetivo tiene la exploración de puestas en escena, compositores y obras poco habituales y qué tan lejos llega?
La Fundación tiene un auditorio de cámara; por tanto, todas nuestras propuestas son concepciones camerísticas. Más allá de esta circunstancia, la temporada musical se inspira literalmente en los últimos mil años de historia de la música, desde la época medieval hasta la actual, con cierto énfasis en la música española y, cada vez más, en la iberoamericana. A partir de aquí, la programación se concibe con una marcada actitud de comisariado musical, es decir, concebir programas conformados por una selección de compositores, obras e intérpretes con el objetivo último de intensificar la experiencia del oyente y explorar fórmulas nuevas o inusuales de escuchar música.
El formato de cámara ofrece una escala particular para la ópera y la música escénica. ¿Qué posibilidades creativas y de conexión con el público encuentran en este formato? En ese sentido, ¿cómo describirías la recepción de este formato por parte del público?
En el año 2014 pusimos en marcha el formato Teatro Musical de Cámara, con el foco puesto en la representación escénica, en una sala de cámara, de títulos de ópera y otros géneros de teatro musical que fueron concebidos para espacios pequeños. La mayoría de los oyentes asocian la ópera con producciones grandes, pero en términos históricos esta visión es incompleta. Detectamos que había un filón inexplorado. Desde entonces hemos representado más de una treintena de óperas de cámara, desde el barroco hasta el presente. Mi impresión es que el público sale agradecido por tener una visión tan cercana e íntima de la ópera.
«La programación se concibe con una marcada actitud de comisariado musical, es decir, concebir programas conformados por una selección de compositores, obras e intérpretes con el objetivo último de intensificar la experiencia del oyente y explorar fórmulas nuevas o inusuales de escuchar música.» — Miguel Ángel Marín
¿Cómo es –o son– el perfil –o perfiles– de los públicos que han identificado que asisten a su programación musical?
No es fácil detectar los perfiles precisos que asisten a nuestros conciertos porque la Fundación es una entidad filantrópica pura y el acceso a todos sus actos es libre y gratuito. Es decir, no pedimos datos como cuando un oyente compra una entrada. Pero la regularidad de nuestra programación, con un calendario inalterado durante décadas, y la potencia de nuestra comunicación hacen, diría yo, que asista un público abundante y variado, generalmente curioso y con ganas de aprender.
Otra de las actividades presentes en su programación son los conciertos didácticos que existen desde 1975. ¿Cómo has observado su evolución? ¿Cómo se ha ajustado a los cambios generacionales, culturales, sociales y de formatos de experimentar las artes?
En efecto, este formato comenzó en 1975 y se ha mantenido vigente, de forma ininterrumpida, desde entonces, durante más de 50 años, lo que explica que hayan pasado centenares de miles de estudiantes. Pero el concepto del concierto didáctico ha cambiado radicalmente, tanto como los tiempos y el contexto de aprendizaje. En la fase actual, estos conciertos didácticos tienen dos rasgos esenciales: el aprendizaje por objetivos (se establecen previamente unos objetivos de conocimiento y se concibe un concierto que los cumpla) y el concierto escenificado (dotándolo de acción teatralizada para facilitar el acceso de los jóvenes). En lo posible, procuramos también que los artistas invitados sean jóvenes, para facilitar la identificación del público estudiantil asistente.
Siguiendo con los conciertos didácticos, ¿cómo definen las guías didácticas o materiales pedagógicos? ¿Se hacen sobre la base de una mediación artística o están alineadas con, por ejemplo, el currículo escolar?
Esta herramienta es clave. El objetivo es preparar unos materiales para facilitar y estimular la tarea del docente en clase. Para nosotros, lo ideal es que el concierto didáctico en nuestro auditorio sea un punto culminante de un proceso de aprendizaje que comienza y termina en el aula. Por eso pensamos que, si el docente tiene buenos materiales, fáciles de usar y atractivos para los alumnos, decidirá preparar el concierto antes de venir y, de esta forma, hará que la experiencia de los alumnos sea más enriquecedora. Por esta razón invertimos muchos recursos y ponemos el máximo de atención en la preparación de las guías. Además, quedan siempre disponibles en abierto para todos los docentes de música del mundo hispanohablante.
Uno de los ejes de la misión de Ópera Latinoamérica (OLA) es el trabajo en red y la colaboración con teatros, festivales y compañías iberoamericanas de distintas envergaduras y trayectorias. ¿Qué expectativas tienen de este trabajo en red? ¿Cómo imaginan posibles intercambios o colaboraciones con otros miembros de OLA?
Las expectativas de pertenecer a OLA ya las estamos cumpliendo, en tanto que estamos participando activamente en la creación y expansión de una red de colaboración con otros teatros. Para nosotros, el campo de acción se centra en la ópera de cámara, que tiene un enorme potencial y que cada vez está logrando una mayor presencia en los teatros. Es una línea de futuro de enorme proyección. Por ejemplo, nuestra última producción de la zarzuela El vizconde, de Francisco Asenjo Barbieri, la hemos coproducido con el Teatro Mayor de Bogotá y el Teatro Metropolitano de Medellín, ambos en Colombia, junto al Teatro de la Zarzuela, nuestro socio habitual. Estoy seguro de que esta línea seguirá creciendo en el futuro cercano.
Finalmente, ¿podría adelantarnos algunos proyectos o líneas de trabajo futuras del Departamento de Música que reflejen la visión de la Fundación para los próximos años?
Para la próxima temporada estamos de lleno trabajando en nuestras dos próximas producciones. Por un lado, junto al Teatro de la Zarzuela y la Compañía Nacional de Teatro Clásico estamos ultimando la recuperación de un título fundamental del teatro del Siglo de Oro, con libreto de Calderón y música de José Hidalgo. Y, por otro, estamos preparando un título de cámara del compositor checo Leoš Janáček junto al Auditorio de Tenerife y el Teatro Nacional de Brno, que sería nuestra primera coproducción con un teatro europeo. El futuro, por tanto, se presenta prometedor.