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«Eugene Onegin» inaugura la Temporada 23/24 del Liceu con producción de Christof Loy | Ópera Latinoamérica

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«Eugene Onegin» inaugura la Temporada 23/24 del Liceu con producción de Christof Loy

Eugene Onegin en el Liceu

Inspirado en la novela de Pushkin, Chaikovski concibió Eugene Onegin como una ópera de cámara, una unión de escenas líricas en las que trató temas como la soledad, los deseos incumplidos y las oportunidades perdidas. La producción de Christof Loy recoge el espíritu original de la obra y la presenta en un formato íntimo y minimalista. Josep Pons dirigirá la Orquesta Sinfónica del Gran Teatre del Liceu haciendo brillar una partitura romántica de gran potencia emocional. Le acompañará un elenco excepcional formado por Svetlana Aksenova y Kristina Mkhitaryan en el rol de Tatiana y Audun Iversen y Yurii Samoilov encarnando al personaje de Eugene Onegin. La producción de Christof Loy reflexiona sobre el paso del tiempo en un espacio reducido a la mínima expresión, donde afloran los sentimientos más íntimos.

 

El Liceu abre las puertas de la temporada 23/24 con Eugene Onegin de Piotr Ilich Chaikovski, título imprescindible del romanticismo ruso. Un año más, el maestro Josep Pons se encarga de dirigir la primera ópera de la temporada, que estará en el escenario del Gran Teatre del Liceu del 27 de septiembre hasta el 8 de octubre . En esta ocasión se presenta una coproducción del Liceu con Den Norske Opera (Oslo) y Teatro Real (Madrid) con el sello de Christof Loy, propuesta estrenada en 2020 en Oslo. Muy ligada al texto original, esta producción, huye de los tradicionalismos para apostar por una escenografía minimalista que ayuda a subrayar el interior de los personajes.

 

Basada en una de las historias más conocidas de la literatura rusa del siglo XIX, Eugene Onegin fue la primera ópera que Chaikovski abordó en serio, después de varios éxitos en el ballet y la sinfonía. Planteada inicialmente como una pieza de cámara, articulada a partir de escenas líricas, finalmente logró la gloria gracias a su calidad compositiva, la belleza del canto y su capacidad para exaltar emociones profundas. La estrenó en 1879, en el Teatro Malí del Conservatorio de Moscú, con un elenco amateur formado por jóvenes estudiantes, pero la potencia emocional de la partitura era difícil de esconder, y finalmente acabó pasando a los grandes teatros: dos años más tarde Eugene Onegin se estrenaba en el Bolshoi de Moscú, y su fama perdura hasta la fecha como una de las grandes óperas románticas, en forma y fondo, por su exquisita forma de mostrar las turbulencias del alma humana.

 

Foto: Erik Berg.

 

La producción

 

El director de escena alemán Christof Loy divide el desarrollo de la historia en dos segmentos caracterizados por una escenografía distintiva: “ Solitude ”, que recoge el primer acto y parte del segundo, y “ Loneliness ”, que comienza con el duelo entre Onegin y su amigo Lenski , y llega hasta la conclusión. El primer concepto hace referencia a estar solo –esta soledad buscada y temporal, mientras que el segundo responde a una soledad no deseada y sin solución. Por eso, la primera parte de la función se centra en Tatiana —que se aísla en los libros, pero que ansía abrirse al mundo por medio de un amor puro—, mientras que la segunda sitúa el foco sobre Onegin, que , creyendo que podría conquistar a Tatiana en cualquier momento, descubre que ha llegado tarde, que le ha perdido y que deberá enfrentarse a un final de vida incierto y sin compañía.

 

Loy suele plantear producciones con un marcado toque minimalista, sitúa muy pocos elementos a la vista del público y entiende el escenario como un lienzo en blanco, lo que en la segunda parte se podrá advertir de forma directa, ya que convierte el espacio de la acción en una especie de caja compacta iluminada por una luz blanca potente. La escenografía elegida —que firma Raimund Orfeo Voigt — es la misma para toda la ópera: una sala enorme con dos ventanas y una entrada, apenas decorada en la primera parte, y el mismo marco, pero con una sola puerta, para la segunda, en la que se busca reforzar de forma simbólica cómo el mundo se va cerrando y reduciendo al mínimo para Onegin, un hombre que pudo tenerlo todo y acaba sin nada. Andreas Heise firma la coreografía y el movimiento escénico de la producción, que toma un protagonismo esencial en el dinamismo de la obra.

 

Foto: Erik Berg.

 

Argumento

 

La característica que une más estrechamente a Tatiana Larin y Eugene Onegin, los dos personajes principales de esta ópera, es que en momentos distintos de la historia sienten el deseo de vivir de manera solitaria y, al mismo tiempo, dejar de estar solos. Tatiana, por ejemplo, es al principio de la historia una joven dama campesina absorbida por la lectura a quien no le interesa la vida social, pero cuando conoce al elegante dandy Eugene Onegin, traslada a este hombre joven y elegante todas las fantasías de amor romántico y aventuras que ha leído en las novelas, hasta el punto de enviarle una apasionada carta de amor. Sin embargo, Onegin se ve a sí mismo como un espíritu libre, no se cree hecho para el matrimonio, y rechaza a Tatiana sin pensárselo: es demasiado pronto para abandonar su vida sin ataduras. Pero cuando llegamos al final de la historia, 16 años después del primer encuentro entre Eugene y Tatiana, la situación ha cambiado: ella ha madurado, se ha casado con un príncipe rico y bondadoso, y es Eugene quien comprende el error que cometió no acercándose a esa joven en un primer momento; finalmente rechazado, deberá afrontar el resto de su vida en una soledad ya no buscada, sino condenatoria.