El Liceu estrena «Semiramide» (G. Rossini) con la dirección musical del maestro Paolo Arrivabeni

El maestro italiano Paolo Arrivabeni se presentó en el Liceu con la ópera Semiramide de Gioachino Rossini. El personaje de Semiramide fue interpretado por la soprano Vasilisa Berzhanskaya, quien también debutó en el Liceu en el papel de Semiramide, y el contratenor Franco Fagioli como Arsace.
El maestro italiano Paolo Arrivabeni llegó al Gran Teatre del Liceu el 13 de mayo dirigiendo Semiramide en versión concierto, una de las óperas más monumentales y exigentes de Gioachino Rossini.
Considerada el último gran triunfo del compositor en Italia antes de su traslado a París, esta obra culmina la ópera seria rossiniana con una partitura de gran riqueza orquestal y un virtuosismo vocal extraordinario. En esta única función en versión concierto, Arrivabeni se pondrá al frente de la Orquesta Sinfónica y el Coro del Gran Teatre del Liceu con un reparto encabezado por la soprano Vasilisa Berzhanskaya en el papel de Semiramide y el contratenor Franco Fagioli como Arsace, acompañados por Mirco Palazzi (Assur), Maxim Mironov (Idreno), Antonio Di Matteo (Oroe), Patricia Calvache (Azema), Carlos Cosías (Mitrane) y Marc Pujol (Fantasma del rey Nino).
Con libreto de Gaetano Rossi basado en la tragedia Sémiramis de Voltaire, Semiramide recrea la leyenda de la reina de Asiria atrapada entre el poder, la culpa y la tragedia familiar. Estrenada en La Fenice de Venecia en 1823, la ópera combina la herencia espectacular de la ópera barroca con la intensidad emocional y el virtuosismo del bel canto, en una de las partituras más brillantes y complejas de Rossini.

Entre el barroco y el bel canto
Estrenada en Venecia en 1823, Semiramide es considerada la culminación de la etapa italiana de Gioachino Rossini y una de sus grandes incursiones en la ópera seria. La obra cierra brillantemente la tradición de la ópera barroca del siglo XVIII y, al mismo tiempo, anticipa plenamente la estética del bel canto, con una escritura vocal de virtuosismo extremo, una orquestación rica y grandes escenas corales y de conjunto.
Lejos del carácter cómico de otros títulos populares de Rossini como La cenerentola o Il barbiere di Siviglia, Semiramide presenta un drama ambientado en la antigüedad asiria que aborda temas como el poder, la venganza, los crímenes familiares y la culpa, en una de las partituras más ambiciosas y complejas del compositor.
Estreno en el Liceu

Semiramide apareció por primera vez en el escenario del Gran Teatre del Liceu el 20 de abril de 1854, cuando Rossini —aún vivo— ya no gozaba del éxito de décadas anteriores en Barcelona. Sin embargo, la acogida fue notable y la ópera regresó al teatro de la Rambla en cinco temporadas más hasta 1889-90.
No volvió a aparecer hasta una versión en concierto en diciembre de 1985 con Montserrat Caballé. Escenificada, no se representó de nuevo hasta noviembre de 2005. En Barcelona, Semiramide se había estrenado el 20 de abril de 1826 en el Teatre de la Santa Creu.
El argumento

Semiramide es una de las últimas óperas de Gioachino Rossini. Estrenada en el Teatro La Fenice de Venecia en 1823 y basada en la tragedia de Voltaire Sémiramis, destaca por su música exuberante y su complejidad dramática, además de una trama cargada de pasiones, conflictos familiares e intriga política.
Con libreto de Gaetano Rossi, la ópera es un ejemplo destacado del belcantismo, en el que el espectáculo vocal y la habilidad técnica de los cantantes son elementos fundamentales.
La trama gira en torno a Semiramide, reina de Babilonia, atrapada en una historia de venganza y secretos. La obra comienza con la muerte de su esposo, Nino, y el misterio sobre la identidad del asesino. Tras muchos años de reinado, Semiramide se enamora del héroe Arsace sin saber que es el hijo del rey asesinado.
Musicalmente, destaca la riqueza y dificultad de sus arias y conjuntos, especialmente en los momentos de gran intensidad emocional. El personaje de Semiramide protagoniza momentos emblemáticos como el aria “Bel raggio lusinghier”, donde se expresa su conflicto interior entre amor y deber.
El reparto
El maestro italiano Paolo Arrivabeni debuta en el Gran Teatre del Liceu al frente de la Orquesta Sinfónica del Liceu con un reparto de gran exigencia vocal encabezado por la mezzosoprano rusa Vasilisa Berzhanskaya, que también debuta en el teatro en el papel protagonista, y por el contratenor argentino Franco Fagioli, que debutó en el Liceu en la temporada 2018/19 con Agrippina.
Con Semiramide, Rossini lleva el virtuosismo vocal al extremo, en una partitura que une la herencia ornamental del barroco con la exuberancia melódica del bel canto. Los dos grandes roles protagonistas exigen una agilidad extraordinaria y un dominio técnico excepcional.

Berzhanskaya asumirá el complejo papel de la reina de Asiria, uno de los más exigentes del repertorio rossiniano, con momentos de gran dificultad técnica como el aria Bel raggio lusinghier, donde Semiramide expresa su pasión por Arsace mediante coloraturas y ornamentaciones de gran complejidad.
El papel de Arsace, escrito originalmente para mezzosoprano e interpretado históricamente por voces femeninas, será interpretado en esta versión concierto por Franco Fagioli, una de las grandes figuras actuales del repertorio barroco y rossiniano. La recuperación de estos roles por contratenores se ha consolidado en las últimas décadas, devolviendo a estos personajes una sonoridad singular.
Completan el reparto Mirco Palazzi como Assur, Maxim Mironov como Idreno, Antonio Di Matteo como Oroe y Patricia Calvache como Azema. Los papeles de Mitrane y del espectro del rey Nino serán interpretados por Carlos Cosías y Marc Pujol, respectivamente.
Momentos musicales clave
La obertura de Semiramide dura aproximadamente 12 minutos, es la más larga de todas las que compuso Rossini para sus grandes óperas, y la demostración de que se sentía, en aquel momento, en el punto más alto de sus facultades creativas. Esta introducción, una auténtica montaña rusa de subidas y bajadas de intensidad, presenta todos los colores y temperaturas de la ópera: la pasión desbordada, pero también la sombra del horror que se intuye en el fondo. Rossini perfeccionó su lenguaje personal en este fragmento: su facilidad para escribir crescendos eufóricos, su gusto por las melodías etéreas y una complejidad en la escritura orquestal que no volvería a repetir hasta la obertura de Guillaume Tell .
En el primer acto, Semiramide se ha reunido con su séquito íntimo en los jardines colgantes de Babilonia y comunica públicamente su situación emocional: su pasión por Arsace es incontenible y desea casarse con su joven general. Para mostrar todo el fuego que consume su alma, la reina se lanza a un aria de escritura endiablada, cuyo efecto vertiginoso solo puede suavizar la participación dulce del coro. Bel raggio lusinghier no es una pieza para cualquier voz: implica una dificultad técnica que muy pocas intérpretes pueden resolver, y obliga a dibujar coloraturas constantes, una profusión de ornamentos que, cuando están bien planteados, tienen como resultado la materialización de una belleza vocal casi sobrenatural.
Otro de los grandes momentos de la ópera es el dúo Alle più care immagini, entre Semiramide y Arsace, una página de un virtuosismo exuberante y llena de fuegos de artificio vocales, en la que Rossini despliega toda la brillantez y la exigencia del bel canto.