La historia que nos cuentan los teatros | Columna de opinión en la revista «Ópera Actual»

En su nueva columna para Ópera Actual, la directora ejecutiva de Ópera Latinoamérica, Paulina Ricciardi Mondino, reflexiona sobre el rol de los teatros en la construcción de las identidades nacionales latinoamericanas, desde el Teatro Solís de Montevideo, que celebra este año su 170º aniversario, hasta las grandes infraestructuras culturales del siglo XXI. «Hoy, como hace 170 años, los teatros siguen condensando la identidad local y global a través de la música y las artes escénicas», escribe Paulina.
Por Paulina Ricciardi Mondino, directora ejecutiva de Ópera Latinoamérica
Foto destacada: Santiago Bouzas
Este año se celebra el aniversario número 170 del teatro más antiguo de Sudamérica, el Teatro Solís de Montevideo. Inaugurado el día de la independencia de Uruguay, el 25 de agosto de 1856, ha sido el escenario no sólo de música y artes escénicas, sino también de la construcción simbólica del país, reflejando desde sus inicios la aspiración de una nación por desarrollarse en diálogo con el resto del mundo.
De la misma manera, la historia de muchos países latinoamericanos está estrechamente ligada a su infraestructura cultural. La construcción de teatros es un reflejo del auge de las migraciones europeas al continente en el siglo XIX, que trajeron consigo repertorios artísticos y modelos arquitectónicos italianos y franceses para los grandes teatros nacionales. El Solís, el Municipal de Santiago (1867) o el Amazonas (1896) son ejemplares de esta época, línea que continuaron a principios del siglo XX teatros como el Colón de Buenos Aires (1908), el Municipal de São Paulo (1911), el Municipal de Lima (1920) o el Palacio de Bellas Artes (1934).
La construcción de estos teatros acompañó –y muchas veces impulsó– procesos de modernización urbana que incluyeron alumbrado público, pavimentación y mejoras en el transporte, además de otras obras públicas que redefinieron el espacio público. Los materiales importados desde Europa no solo daban cuenta de una estética, sino también de la prosperidad económica y de la inserción de la región en circuitos globales.
Durante el siglo XX, estos espacios se consolidaron como escenarios de hitos históricos y culturales, participando activamente en la construcción de identidades nacionales. Por ejemplo, en 1922 el Theatro Municipal de São Paulo fue sede de la Semana de Arte Moderna, que dio origen al modernismo brasileño. En 1949, en tanto, el Teatro Municipal de Santiago fue escenario de la promulgación de la ley que consagró el voto femenino en Chile.
La segunda mitad del siglo XX y sobre todo el siglo XXI trajeron nuevas olas de infraestructuras teatrales que han reflejado otros valores. El Teatro Teresa Carreño (1983) dejó atrás el mármol y dio paso al concreto, con un diseño que democratiza la participación, con salas abiertas que dan buena visibilidad y acústica a todos los sectores. En esa misma línea –de la mano de arquitectos locales y cada cual con sus matices– se inscriben teatros como el Metropolitano de Medellín (1987), el Mayor Julio Mario Santo Domingo (2010), el Gran Teatro Nacional de Perú (2012), el Bicentenario de San Juan (2016) o el Teatro Biobío (2018).
Hoy, como hace 170 años, los teatros siguen condensando la identidad local y global a través de la música y artes escénicas; son hitos que articulan y potencian la propuesta urbana de las ciudades; y, sobre todo, son espacios de encuentro que refuerzan la construcción colectiva de nuestra historia poniendo en diálogo el pasado, el presente y el futuro.